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Reinventarse profesionalmente en la adultez: cuando cambiar de rumbo también es avanzar

  • Foto del escritor: David Becerra Martín
    David Becerra Martín
  • hace 1 día
  • 4 min de lectura

Durante mucho tiempo predominó una idea relativamente lineal de la vida profesional: elegir una carrera, formarse, incorporarse al mercado laboral y permanecer en un campo semejante hasta el retiro. Sin embargo, las transformaciones tecnológicas, económicas y demográficas están modificando tanto los empleos como las competencias necesarias para desempeñarlos (World Economic Forum [WEF], 2025).

El fenómeno de cambiar o replantear el rumbo profesional en la adultez puede entenderse desde distintas perspectivas, por ejemplo, hablamos de reinvención profesional cuando la transformación supone reconsiderar la propia identidad laboral; de transición o reconversión de carrera cuando una persona se desplaza hacia otra función, sector o profesión; y de reorientación vocacional cuando el cambio parte de revisar intereses, capacidades, expectativas y valores personales.

No todos los cambios tienen la misma profundidad. El caso del upskilling supone desarrollar o actualizar competencias para responder a nuevas exigencias profesionales, mientras que el reskilling implica adquirir capacidades que permitan desempeñar nuevas funciones. Ambos conceptos adquieren relevancia dentro de un mercado laboral en transformación como el actual.

Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD, 2025) plantea el aprendizaje permanente como una condición fundamental para construir sociedades resilientes y preparadas para el futuro, e identifica la mitad de la trayectoria profesional como uno de los momentos críticos para continuar aprendiendo.



¿Por qué estamos hablando cada vez más de reinvención?

Porque no solamente están cambiando los empleos: también están cambiando las habilidades necesarias para desempeñarlos. El Future of Jobs Report 2025 estima que 39 % de las competencias actuales de los trabajadores se transformarán o quedarán obsoletas entre 2025 y 2030. En este sentido, si imagináramos la fuerza laboral mundial como un grupo de 100 personas, 59 necesitarían capacitación antes de 2030; 29 podrían actualizar sus competencias dentro de su puesto y 19 podrían capacitarse y ser reubicadas en otras funciones (WEF, 2025).


EL CAMBIO EN 100 TRABAJADORES HACIA 2030

  • 41 → no requerirían capacitación significativa

  • 29 → podrían actualizar sus competencias en su puesto

  • 19 → podrían capacitarse y ser reubicados en otras funciones

  • 11 → requerirían capacitación, pero podrían no recibirla

    Fuente: elaboración propia con datos del World Economic Forum (2025).


En México también encontramos señales de este fenómeno, ya que, de acuerdo con el Observatorio Laboral (2025) la afinidad promedio entre la ocupación de los profesionistas y los estudios que realizaron fue de 82.9 % durante el cuarto trimestre de 2025. La correspondencia, sin embargo, varía considerablemente entre áreas: mientras Ciencias de la Salud alcanzó 92.8 % de afinidad, 38.3 % de los profesionistas del área de Servicios trabajaba en actividades no acordes con su formación profesional. El desafío comienza incluso antes de incorporarnos al mercado laboral.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO, 2025) advierte que 46 % de la matrícula universitaria en México se concentra en diez carreras tradicionales. Si las tendencias actuales continúan, para 2050 podrían haberse formado 28.7 millones de profesionistas en áreas con baja demanda laboral, mientras sectores estratégicos enfrentan dificultades para encontrar el talento que requieren.


La carrera ya no necesariamente es una línea recta


Aquí resulta especialmente interesante la propuesta de David Epstein (2019), quien en Range: Why Generalists Triumph in a Specialized World, cuestiona la idea de que el éxito dependa necesariamente de una especialización temprana y muestra el valor de la exploración, la experimentación y la transferencia de aprendizajes entre distintos ámbitos. Desde esta perspectiva, una trayectoria aparentemente discontinua puede generar combinaciones de conocimientos y experiencias profesionalmente valiosas.

Esta idea también dialoga con el trabajo de Richard N. Bolles (2022), en cuya obra What Color Is Your Parachute? propone analizar la trayectoria profesional considerando no solamente los puestos disponibles sino también las habilidades transferibles, los intereses, los conocimientos y aquello que una persona busca en su vida laboral.

Por ello, podemor decir que reinventarse profesionalmente no significa necesariamente empezar desde cero. Un docente que migra hacia el diseño instruccional, un psicólogo que incorpora competencias de experiencia de usuario o un administrador que se especializa en analítica de datos no elimina su experiencia anterior: la reorganiza, la resignifica y la combina con nuevos conocimientos.

La pregunta profesional en la adultez, entonces, quizá ya no deba limitarse a “¿qué estudié?”, y podemos incorporar otras: “¿qué sé hacer?, ¿qué puedo aprender?, ¿qué capacidades puedo transferir y hacia dónde quiero dirigirlas?”

En un entorno en el que las competencias profesionales se transforman continuamente, la orientación vocacional tampoco tendría por qué terminar con la elección de una licenciatura. Replantear la trayectoria profesional puede convertirse en una competencia para toda la vida.


Referencias

 
 
 

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